FILOSOFÍA DEL DERECHO: UNA APUESTA A NUESTRO PORVENIR
Por Ricardo A. Guibourg


Cada actividad práctica tiene su teoría, sin la cual no puede funcionar. El derecho tiene la suya: se llama filosofía del derecho y tiene que ver con la ética, la estructura de las normas y la lógica.

Esta disciplina se cultiva en todo el mundo, pero la Argentina se ha convertido en uno de los más prestigiosos centros en la materia desde la segunda mitad del siglo XX. Conviven aquí distintas orientaciones, entre las que ha acabado por entablarse un debate fecundo.

Una de ellas, la más tradicional, sostiene que algunas normas morales están por encima de las leyes, por lo que constituyen un derecho natural. Buena parte de sus cultores provienen del campo de la religión, pero desde hace veinte o treinta años se ha desarrollado otra variante, laica, que busca el fundamento del derecho en los principios humanitarios y democráticos.


Otra vertiente, llamada positivista, postula que el derecho proviene de las leyes del Estado y puede tener literalmente cualquier contenido. Si lo encontramos injusto podemos criticarlo, censurarlo, desobedecerlo y hasta combatirlo, pero no negar su condición jurídica

Los realistas conciben el derecho como un hecho, que consiste en la conducta de los ciudadanos, o en la de los jueces, o en la de otros órganos del poder. Los trialistas, a su vez, sostienen que el fenómeno jurídico tiene tres dimensiones: la de los hechos, donde importan las conductas, la normativa, que depende de las leyes, y la de los valores, desde donde el derecho puede juzgarse justo o injusto.

Hay una teoría crítica, que encara el derecho como un constante juego del poder de unos sobre otros con la ayuda de argumentos y símbolos, y un enfoque economicista, que reclama organizar el sistema normativo de acuerdo con criterios de eficiencia y según un cálculo de costos y beneficios.

En esta rica diversidad cada uno pretende, a su modo, explicar eso que llamamos derecho y proponer pautas para describirlo, comprenderlo, encauzarlo y mejorarlo. En la Universidad de Buenos Aires, donde bien se conoce la importancia de este debate, todos los puntos de vista son minuciosamente expuestos y discutidos. Se trata de una apuesta al porvenir inmediato, porque de ese libre intercambio de ideas tendrá que nacer una renovación del pensamiento jurídico capaz de brindar un sistema legal más claro y confiable para todos.

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